Abordando los menores (II)
El artículo que le habría venido bien leer a Tchalai Ünger. Y a algunos más.
¿Pueden dos oros transformarse en dos copas?
¿Hay algún eco o rima visual entre 5 bastos y 7 espadas?
¿Uno es poco y diez es mucho… siempre?
Hoy vengo a hablar de eso que se llama la lectura visual, término de moda en algunas corrientes taronáuticas tarotísticas contemporáneas, de preferencia marsellística, y que viene a decir algo así como que te olvides de correspondencias, semánticas y otras weás que aparecen por este blog de tanto en cuanto.
WYSIWYG ← lo que ves es lo que hay. ¿Que te llama la atención que la cabeza rodante en el XIII de tu mazo tenga un ojo cerrado? Ahí lo llamai guiño del destino y arreglao wn.
Con los arcanos mayores y las figuras, esto puede ser más o menos sencillo; mirada, pose, dirección… como interpretar un cuadro. El problema es cuando el cuadro lo ha pintado Kandinsky, esto es, con los menores numerales no escénicos, tipo Marsella (y otros).
Si nos olvidamos de la semántica del número y del palo, sólo nos queda cantidad y forma. La Elias lo arregla fácilmente: uno es poco y diez es mucho. ¡Ole tú, Camelia! porque veremos que esto no es siempre así —y no me lo he inventado yo—.
Veréis que he dicho forma, y no color, porque eso depende del mazo y de los pigmentos que tuviese el maître cartier en su almacén, y de la gonádica combinación que decidiese emplear. Aunque la Tchalai no tiene esto en cuenta, como si solo existiera en el mundo SU mazo —en realidad los arcanos menores le importan poco menos que un comino—.
Del mismo modo, relego los adornitos florales a un plano secundario, porque son susceptibles de variación entre mazos. Aunque Alain Bocher les dedique un libro completo, que es más farmacopea que Tarot.
Un Dos de Oros sigue siendo un Dos de Oros aunque cambie el impresor, aunque el lazo central sea distinto, aunque los colores varíen o aunque el ornamento esté más o menos cargado. Esos detalles pueden modificar el tono visual de la carta, pero no borran su estructura básica: dos unidades del palo de oros.
Este punto evita un peligro frecuente: convertir cualquier adorno en la clave absoluta de la carta. Si una flor, un color o un vacío central pueden justificar cualquier lectura, entonces la lectura deja de estar controlada por la imagen.
Ojo, que el ornamento no debe despreciarse, pero conviene ponerlo en su sitio. Puede reforzar una estructura, llenar un espacio, crear continuidad o marcar una pausa. Pero no sustituye por sí solo la organización principal de la imagen. El señor Gombrich coincide conmigo bastante.
Entiendo el Tarot de Marsella como una familia visual: distintos mazos, talleres e impresores conservan una estructura común, pero la dibujan con variaciones. Por eso conviene separar lo que pertenece al sistema general de la carta de lo que pertenece al dibujo concreto de una edición.
Este tipo de análisis nos evita además labrarnos enemigos que emplean otros Tarots «italianizantes» (Minchiate, Bolognese…) con distinta estructura de mazo, pero igual filosofía pictórica —iba a decir iconográfica, pero no tengo claro eso—. Lo que viene a continuación aplica para todos ellos.
Amoh al lío!
PUEDES LEER A PARTIR DE ACÁ PORQUE ERES TARONAUTA O GRAN TARONAUTA. AKA, SUSCRIPTOR DE PAGO.


