Tarot... ¿en serio?
En serio, sí, Tarot, pero que muy en serio.
Algunos sabéis de mi vertiente científica —PhD y todo, oiga—, y de ahí mi interés por indagar en qué es lo que piensa La Academia de este mazo de cartas, y de sus usos en distintos ámbitos. Casi para mi sorpresa, y aunque como sabemos el tarot suele asociarse al esoterismo, también ha suscitado interés en ámbitos científicos, psicológicos y filosóficos.
Diversos académicos han explorado el tarot como sistema simbólico, su posible base psicológica y sus aplicaciones, buscando un análisis serio más allá de la mera adivinación.
A continuación comparto con vosotros mis notas —cosillas que he ido recopilando— sobre la relación entre tarot y ciencia desde cinco perspectivas: (1) científicos reconocidos que estudiaron el tarot, (2) sincronicidad y tarot (Carl Jung y otros), (3) el tarot visto desde la semiótica (Umberto Eco y otros), (4) usos del tarot en psicología clínica, y (5) conexiones con neurociencia, filosofía, historia de la ciencia y epistemología.
No es un trabajo académico, pero he intentado ser riguroso y objetivo.
Amoh al lío!
Científicos y académicos interesados en el tarot
Varios pensadores de renombre han abordado el tarot de forma documentada y crítica:
Carl Gustav Jung (psiquiatra) – Jung reconoció en los arcanos del tarot imágenes arquetípicas del inconsciente colectivo. En 1933 señaló que “el conjunto de imágenes de las cartas del Tarot parece derivar de los arquetipos de transformación”, comparando la secuencia del tarot con el I Ching como método intuitivo para “entender el flujo de la vida”. Jung incluso encargó a una colega (Hanni Binder) investigar el tarot y enseñarle a leer las cartas, intrigado por su potencial para reflejar procesos psicológicos internos. Esta apertura de Jung sentó un precedente para estudiar el tarot bajo la lente de la psicología profunda.
Wolfgang Pauli (físico, Nobel 1945) – Amigo y paciente de Jung, Pauli mostró interés indirecto en el tarot a través de la sincronicidad. Junto a Jung desarrolló la idea de conexiones acausales significativas para explicar “coincidencias” entre mente y materia. Si bien Pauli no publicó sobre el tarot, su colaboración validó el intento de dar un marco científico a fenómenos de adivinación y significado emergente que incluyen al tarot. Jung sostenía que métodos como el I Ching, los sueños y el Tarot eran ejemplos de sincronicidad, noción que Pauli apoyó conceptualmente dentro de su diálogo entre física y psicología.
Sir Michael Dummett (filósofo analítico) – Dummett, reconocido por sus aportes en lógica y semántica, fue también la máxima autoridad académica en la historia del tarot. Con rigor histórico, documentó que las cartas nacieron como juego en la Italia del siglo XV, y demostró que su uso adivinatorio y “oculto” no apareció sino hasta el siglo XVIII. Su obra The Game of Tarot (1980) es considerada “el libro más importante jamás escrito sobre naipes”, sentando las bases para investigaciones posteriores. Dummett concluyó que no hay evidencia de significados esotéricos antiguos inherentes al mazo: durante la mayor parte de su historia, el tarot fue un juego de naipes, y las lecturas místicas son un constructo cultural relativamente reciente. Su enfoque escéptico y documental enlaza el tarot con la historia de la ciencia al depurar mito de realidad.
Jane English, Ph.D. (física) – Algunos científicos han intentado conciliar empirismo y tarot mediante estudios controlados. La física Jane English, tras usar el tarot diariamente en meditación, realizó un experimento estadístico de tres años registrando cartas extraídas al azar (posiciones de “cuerpo”, “mente” y “espíritu”). Sorprendentemente, halló una desviación significativa del azar: una probabilidad de 99,97% de que la secuencia no fuera aleatoria. Repeticiones independientes del experimento por un físico australiano arrojaron resultados similares. English sugirió que el factor decisivo fue el estado de “conciencia expandida” durante la extracción de cartas, lo cual podría introducir patrones no azarosos en las tiradas. Si bien estos hallazgos son controvertidos y no ampliamente aceptados —a mí mismo me gustaría revisar todo el procedimiento y ver qué sesgos introdujo—, ejemplifican un acercamiento científico experimental al tarot, publicado con formato académico por la propia English.
Arthur Rosengarten, Ph.D. (psicólogo clínico) – En 1985 Rosengarten produjo la primera tesis doctoral acreditada sobre el tarot, titulada “Accessing the Unconscious: A Comparative Study of Dreams, TAT, and Tarot”. En ella comparó la lectura de tarot con la interpretación de sueños y tests proyectivos (como el TAT), proponiendo que el tarot puede servir para acceder al inconsciente de forma similar. Más adelante publicó Tarot and Psychology: Spectrums of Possibility (2000), integrando el tarot con la psicología Junguiana y humanista. Su trabajo pionero abrió camino a que el tarot se estudiase como herramienta psicoterapéutica, no como superstición sino como medio para facilitar la introspección guiada.
Otros académicos han analizado también el tarot en contextos formales. Por ejemplo, el psicólogo Itai Ivtzan llevó a cabo una revisión científica de las explicaciones “psíquicas vs. psicológicas” de la lectura del tarot. También antropólogos y sociólogos (p.ej. Evans-Pritchard en fenómenos oraculares, Edgar Morin o Christine Larson en sociología de lo oculto) han estudiado la adivinación como práctica cultural, aunque no siempre enfocándose específicamente en tarot. Este elenco de interesados muestra que el tarot ha atraído la curiosidad de científicos reconocidos, ya sea para explorar sus posibles fundamentos psicológicos, su simbolismo o para refutar sus pretensiones paranormales. Bienvenidos todos ellos.
Tarot y sincronicidad: la visión de Jung y otras perspectivas psicológicas
El psiquiatra Carl Jung aportó una de las interpretaciones más influyentes al vincular el tarot con la sincronicidad. Jung definió la sincronicidad como una “conexión acausal” entre estados internos y acontecimientos externos significativamente coincidentes, una forma de causalidad no física. En su práctica, Jung observó que métodos adivinatorios tradicionales podían servir para detonar dichos significados. Equiparó el tarot al I Ching chino como “un método intuitivo que permite entender el flujo de la vida y leer las condiciones del momento presente”, mediante correspondencias simbólicas entre la tirada de cartas y la situación psicológica del consultante. Para Jung, las cartas actúan como arquetipos: imágenes universales (el Loco, la Muerte, el Sol, etc.) que resuenan con contenidos del inconsciente colectivo. Al aparecer “casualmente” en una lectura pero de forma pertinente para quien consulta, las cartas estarían revelando una sincronicidad – una coincidencia con sentido, no atribuible al azar puro. Jung experimentó con este concepto en los años 50, alentando a sus colegas a estudiarlo; se sabe que en 1950 asignó a miembros de su club de psicología investigar distintos oráculos (tarot, astrología, I Ching) para profundizar en cómo podrían reflejar procesos psíquicos internos.
La idea junguiana sugiere que el tarot no “predice” el futuro de forma mágica, sino que permite una lectura simbólica del presente. La tirada sincronística funciona como espejo de la psique: las imágenes arquetípicas obtenidas aportan claridad sobre conflictos, tendencias y posibilidades que ya operan en la vida de la persona. Este punto de vista ha sido desarrollado por psicólogos analíticos posteriores. Por ejemplo, Marie-Louise von Franz, colaboradora de Jung, analizó la adivinación (I Ching, cartas) en su libro On Divination and Synchronicity (1980), proponiendo que tales métodos facilitan emerger contenidos inconscientes mediante el azar significativo. En filosofía, autores como Arthur Koestler (en The Roots of Coincidence, 1972) exploraron la sincronicidad tratando de relacionarla con descubrimientos de la física y la parapsicología, sugiriendo que fenómenos como las cartas “adecuadas” que uno extrae podrían tener una base aún desconocida en las conexiones mente-materia.
No obstante, la sincronicidad de Jung no es aceptada por la psicología experimental tradicional, dado que carece de un mecanismo causal comprobable. Es más bien un concepto fronterizo entre psicología profunda, filosofía y misticismo. Pese a ello, ha tenido impacto en enfoques humanistas y transpersonales. Muchos terapeutas Junguianos utilizan tiradas de tarot para “activar” el diálogo terapéutico de manera creativa, interpretando las cartas en términos arquetípicos para explorar la vida del paciente. Esta práctica se apoya en que, incluso si la aparición de ciertas cartas es aleatoria, la interpretación que el paciente y terapeuta construyen puede iluminar significados latentes (lo cual, en términos junguianos, equivale a facilitar una sincronicidad en la sesión). En cualquier caso, Jung otorgó al tarot un marco teórico (arquetipos y sincronicidad) que lo vincula con la psicología y la filosofía de la mente, planteando que las coincidencias llenas de significado en una lectura podrían revelar la integración entre mundo interior y exterior más que (o gracias a) el simple azar.
El tarot desde la semiótica: símbolos e interpretación
Desde la semiótica (ciencia de los signos), el tarot se considera un lenguaje simbólico complejo. Cada carta es un signo visual (imágenes de personajes, elementos, escenas) que puede ser interpretado de múltiples maneras dependiendo del “lector” y el contexto. Semiólogos destacados han analizado cómo el tarot comunica y genera significado:
Umberto Eco, experto en semiótica, abordó críticamente fenómenos paranormales y esotéricos, incluido el tarot, como sistemas de signos sujetos a interpretación. Eco se interesó por por qué la gente cree encontrar mensajes ocultos en patrones arbitrarios. En un ensayo ilustró cómo un “médium” o tarotista puede persuadir mediante generalidades y la predisposición del oyente, fenómeno conocido en psicología como efecto Barnum. Eco apoyaba la labor de grupos escépticos como el CICAP (Comité Italiano para el Control de Afirmaciones Paranormales) que investigan y desmontan el mecanismo detrás de aparentes aciertos en lecturas de tarot, explicándolos mediante trucos psicológicos más que por fuerzas místicas. No obstante, Eco reconocía la fascinación cultural del tarot: en su novela El péndulo de Foucault (1988) y en discusiones sobre narrativa, aludió al tarot como ejemplo de sistema semiótico abierto, donde la infinita combinación de símbolos puede generar historias (inspirándose en obras como El castillo de los destinos cruzados de Italo Calvino, que construye relatos con cartas de tarot). En suma, la visión de Eco vincula el tarot con la interpretación semiótica (cómo un signo adquiere significado para alguien) a la vez que advierte sobre la sobreinterpretación acrítica de “patrones” ocultos.
Inna Semetsky (semióloga y educadora) – Ha desarrollado el concepto de edusemiótica aplicándolo al tarot. En un artículo de la revista Semiotica (2015), Semetsky explora las imágenes del tarot como lenguaje de la experiencia, argumentando que la lectura de cartas establece conexiones entre sujeto y objeto, mente y materia, funcionando casi como un puente que supera la división cartesiana. Según Semetsky, interpretar los símbolos del tarot es un proceso semiósico dinámico que involucra al consultante en diálogo con los signos, fomentando aprendizaje informal y crecimiento personal a través de la reflexión simbólica. En otras palabras, desde la semiótica el tarot se ve menos como adivinación sobrenatural y más como un sistema de comunicación interna: las cartas narran metáforas de la vida del consultante, que éste debe decodificar (similar a interpretar un texto). Esta aproximación conecta con corrientes de hermenéutica (interpretación de textos) y con la semiótica de la cultura, considerando al tarot un “texto” figurativo abierto a múltiples lecturas, donde el significado emerge de la interacción entre las imágenes (significantes) y la mente de quien consulta.
Otros semiólogos: Estudios académicos desde los años 1980 han abordado la cartomancia en general. Por ejemplo, Aphek y Tobin (1989) publicaron The Semiotics of Fortune-telling, examinando cómo los códigos y narrativas de la adivinación se estructuran para ser convincentes. Emily Auger (2004) estudió la estética y la tipología de las barajas de tarot desde una perspectiva histórica y semiológica. Estos trabajos resaltan que las cartas funcionan por convención simbólica (p.ej., el esqueleto en la carta XIII conviene interpretarlo como “Muerte” simbólica, no literalmente) y que el tarot ha desarrollado con el tiempo un sistema semiótico propio, con variaciones pero con una base común reconocible (los 22 arcanos mayores casi siempre representan las mismas ideas arquetípicas).
La semiótica aporta un análisis desmitificador pero respetuoso de la riqueza simbólica del tarot. El énfasis está en cómo se construye significado: el tarot sería un lenguaje visual que requiere un lector-intérprete para “activar” sus significados. Esto lo emparenta con la literatura, el arte y otros sistemas de signos, permitiendo estudiarlo rigurosamente (identificando unidades mínimas de significado, reglas combinatorias en tiradas, metáforas culturales, etc.). Desde Eco hasta Semetsky, los semiólogos tratan al tarot como un objeto de análisis que revela las capacidades humanas de atribuir sentido a los símbolos, más allá de cualquier poder sobrenatural intrínseco.
Aplicaciones del tarot en psicología clínica
En las últimas décadas, profesionales de la psicología han experimentado con el uso del tarot como herramienta terapéutica en contextos clínicos. Lejos de emplearlo para “predecir” el destino, lo integran como técnica proyectiva o de introspección creativa, análoga a dibujar un sueño, usar fichas narrativas o cartas metafóricas. Este enfoque ve al tarot como un medio para facilitar la comunicación paciente-terapeuta y el autodescubrimiento.
Tarot como técnica proyectiva: La psicóloga Eileen Clinton (2024) revisó el uso del tarot en consejería y concluye que, usado adecuadamente, puede funcionar como una técnica proyectiva secular en terapia. Señala que las pruebas proyectivas (como Rorschach o TAT) son controvertidas pero, bien empleadas, inspiran progreso terapéutico. En esa línea, Clinton argumenta que el tarot puede “enriquecer el trabajo y la relación terapéutica” sirviendo de disparador expresivo más que diagnóstico. Las imágenes arquetípicas permiten al paciente proyectar en ellas sus emociones, conflictos o esperanzas, que luego se exploran en consulta. Por ejemplo, pedir a alguien que elija una carta que represente su estado actual puede abrir un diálogo sobre por qué esa imagen (digamos, El Ermitaño) refleja su sentimiento de soledad o búsqueda interior. Así, el tarot actúa como espejo simbólico para articular vivencias difíciles de verbalizar directamente.
Paralelos con la psicoterapia: Una tesis doctoral de Charles Olbert (2018) adoptó métodos fenomenológicos para describir la experiencia de leer el tarot en la vida cotidiana con rigor académico. Tras entrevistar a lectores y consultantes, Olbert encontró que la dinámica de una lectura de tarot —el intercambio entre lector y consultante, la exploración progresiva de un problema— comparte estructura con una sesión de psicoterapia. Ambos espacios implican una relación díadica, un proceso de pasar de la incertidumbre a la claridad, y la negociación de significados en conjunto. De hecho, sus hallazgos subrayan que muchos tarotistas abordan la lectura con intención de ayudar y sanar, empleando cognición compleja para interpretar las cartas, mientras los consultantes buscan validación e insight. Esta investigación apoya la idea de que el tarot puede verse como una práctica cultural de acompañamiento psicológico (con sus riesgos y beneficios) más que como magia: un “juego serio” que organiza conversaciones significativas.
Estudios clínicos y evidencia inicial: La evidencia empírica sobre eficacia terapéutica del tarot aún es escasa, pero emergente. Un estudio exploratorio (DeMarte, 2024) investigó el uso del tarot como herramienta de mindfulness y manejo de la ansiedad, partiendo de que tanto mindfulness como el tarot se han usado para ayudar con la salud mental. La idea fue probar si sacar cartas conscientemente podía reducir estrés al proveer foco y nuevas perspectivas. Asimismo, un artículo de PsychCentral (2024) indica que, aunque pocas investigaciones formales han examinado el tarot y la salud mental, algunos indicios sugieren que las lecturas pueden aliviar la ansiedad ante la incertidumbre cuando se usan adecuadamente. El mecanismo propuesto es que el tarot ofrece narrativa y consejo en momentos de falta de control, lo cual brinda estructura y esperanza al consultante (un efecto similar al de rituales, religión o la terapia misma). Sin embargo, este mismo recurso podría volverse contraproducente si una persona se vuelve dependiente de consultar cartas constantemente para cualquier decisión, reforzando la intolerancia a la incertidumbre. Por ello, autores como Clinton enfatizan que el tarot terapéutico debe usarse de forma expresiva, no predictiva, empoderando al cliente en vez de generar dependencia.
Caso práctico: En terapia narrativa o artística, algunos psicólogos utilizan mazos de tarot (u otros mazos ilustrados) para trabajar con pacientes. La psicoterapeuta Jessica D., LMFT (citado en PsychCentral) relata que ofrecer una carta al paciente puede servir para hablar de su situación metafóricamente; por ejemplo, un paciente deprimido al elegir El Diez de Espadas (imagen de derrota) pudo exteriorizar su sensación de estar “traicionado y hundido”, lo que dio pie a reencuadrar esa narrativa hacia la recuperación (la idea de que tras tocar fondo solo queda mejorar). Estudios de caso como el de Nehra et al. (2013) han observado que la creencia en habilidades predictivas puede dar al paciente una sensación de control que reduce ansiedad a corto plazo. Esto no significa que el tarot “cure” por sí mismo, sino que se convierte en un vehículo de diálogo y autosugestión positiva.
La aplicación del tarot en psicología se apoya en su potencia simbólica y proyectiva. Los beneficios clínicos potenciales incluyen: facilitar la expresión de contenidos inconscientes, estimular la imaginación y la auto-reflexión, reforzar la alianza terapéutica (al involucrar activamente al paciente en la interpretación), y proporcionar alivio de la ansiedad al encontrar significado en las circunstancias. No obstante, los psicólogos advierten que debe evitarse otorgar autoridad mística a las cartas; en su lugar, el énfasis está en la interpretación personal y en el empoderamiento del individuo para reescribir su propia historia con ayuda de los símbolos del tarot.
Conexiones con neurociencia, filosofía y epistemología
Finalmente, el estudio del tarot desde un enfoque científico integral conecta con cuestiones de neurociencia cognitiva, filosofía de la ciencia e historia y epistemología del conocimiento. Varias líneas de análisis destacan:
Percepción de patrones y neurociencia: La mente humana busca activamente significados incluso en datos aleatorios, una tendencia conocida como apofenia o percepción ilusoria de patrones. Investigaciones en psicología cognitiva han demostrado que esta inclinación es un factor central tras creencias en fenómenos paranormales. Un estudio (van Prooijen et al., 2018) encontró que la propensión a percibir patrones en secuencias aleatorias correlaciona fuertemente con la creencia en teorías conspirativas y prácticas sobrenaturales. Los autores concluyen: “la percepción ilusoria de patrones es un mecanismo cognitivo central que explica las creencias en teorías conspirativas y lo sobrenatural”. Aplicado al tarot, esto sugiere que cuando alguien siente que una lectura “dio en el clavo”, podría estar proyectando significado sobre una secuencia de cartas que objetivamente pudo ser aleatoria. El cerebro conecta las imágenes de las cartas con la narrativa personal del consultante, uniendo los puntos hasta formar un relato coherente donde quizá solo había coincidencias. Este proceso neurológico básico (relacionado con la actividad del cortex asociativo que detecta patrones) explica en parte por qué el tarot resulta tan convincente: estamos neurologicamente predispuestos a conferir sentido a patrones ambiguos. De hecho, la baraja misma explota símbolos universales que el cerebro reconoce (p. ej. una figura imperial puede evocar al padre, una torre que se derrumba evoca crisis, etc.), facilitando asociaciones inmediatas. En síntesis, la neurociencia cognitiva aporta que la eficacia aparente del tarot descansa en mecanismos mentales naturales – no en magia, sino en cómo nuestro cerebro interpreta signos e historias bajo incertidumbre.
Efecto Forer (Barnum) y psicología social: Relacionado con lo anterior, la psicología ha documentado el efecto Forer, por el cual las personas tienden a aceptar descripciones vagas y generales como aplicables a sí mismas. Las lecturas de tarot (al igual que la astrología) a menudo usan afirmaciones generales pero con apariencia específica –lo suficiente para que el consultante “encaje” esos enunciados en su propia situación. En una revisión publicada en el Journal of Parapsychology, Ivtzan (2007) señala que las explicaciones no paranormales del tarot se basan en dos pilares: el efecto Barnum y la lectura en frío. La lectura en frío se refiere al conjunto de técnicas (feedback del lenguaje corporal, frases amplias, validación subjetiva) que un lector hábil emplea para generar la impresión de conocer información que en realidad el consultante mismo va revelando inadvertidamente. Ivtzan contrasta esto con la explicación paranormal (que asumiría que las cartas reflejan genuinamente la situación del consultante por vías extrasensoriales). Estudios controlados han mostrado que muchas veces las personas califican una lectura estándar (misma para todos) como “muy acertada” debido al efecto Forer. Este fenómeno se correlaciona con procesos neuropsicológicos de recompensa: al sentirnos entendidos o esperanzados por una lectura, nuestro cerebro libera dopamina, reforzando la creencia en la validez del proceso aunque la información haya sido genérica. Así, desde la perspectiva de la psicología social y la neurociencia, los aciertos del tarot pueden explicarse sin recurrir a poderes ocultos: son producto de sesgos cognitivos universales y de la capacidad persuasiva de la narrativa y la interacción humana.
Filosofía y epistemología: En filosofía de la ciencia, el tarot se suele citar como ejemplo de práctica pseudocientífica debido a que sus afirmaciones no son falsables ni predictivamente fiables en condiciones controladas. Siguiendo el criterio de demarcación de Karl Popper, una teoría es científica si puede imaginarse qué evidencia la refutaría; las lecturas de tarot, al ser abiertas a cualquier interpretación pos-hoc, escapan a la refutación específica, ubicándose fuera del dominio científico. Filósofos escépticos (como Mario Bunge o Paul Kurtz) han criticado la adivinación por no cumplir criterios de objetividad ni reproducibilidad. Sin embargo, la epistemología permite también otra lectura: desde una postura constructivista o hermenéutica, el tarot genera un conocimiento subjetivo válido para la persona, aunque no sea verificable externamente. Es decir, puede proporcionar gnosis (conocimiento intuitivo o introspectivo) más que episteme (conocimiento lógico-demostrable). La propia Semetsky (2015) al hablar de superar el dualismo mente-materia con el tarot, sugiere un tipo de conocimiento integrador diferente al científico. Por su parte, el filósofo Michael Dummett con su análisis histórico mostró cómo la significación del tarot ha cambiado con el tiempo, indicando que gran parte de la “sabiduría” atribuida al tarot fue construida a posteriori por corrientes ocultistas del siglo XIX y XX. Esto enlaza con la historia de la ciencia en cuanto estudio de cómo ciertas ideas (p. ej. que el tarot proviene del Libro de Thot egipcio) se consideraron conocimiento en una época, hasta ser desmentidas por la investigación histórica rigurosa.
Historia de la ciencia y cultura: El tarot ofrece un caso interesante de cómo se confrontan racionalidad y creencia. En la Ilustración tardía, figuras como Antoine Court de Gébelin (1781) intentaron dotar al tarot de un pedigrí antiguo-científico, afirmando orígenes egipcios y verdades ocultas en los arcanos. Estas afirmaciones fueron luego repetidas en círculos ocultistas (Eliphas Lévi, Papus, etc.) y llegaron al público general. Solo en el siglo XX, gracias a historiadores como Dummett y Depaulis, se esclareció el verdadero origen renacentista del mazo. Este proceso histórico es un ejemplo de cómo ideas no basadas en evidencia pueden perdurar como “hechos” durante siglos (un tema de estudio propio de la historia de las ciencias ocultas). También muestra cómo el ser humano busca integrar lo desconocido dentro de marcos de conocimiento: en ausencia de explicación científica, el tarot fue englobado en la “ciencia oculta” o en filosofías místicas. Conforme avanza la ciencia, relega al tarot al ámbito de la psicología y la cultura, más que de la física o la predicción empírica. Aun así, en pleno siglo XXI persisten enfoques (aunque minoritarios) que intentan tender puentes: por ejemplo, físicos cuánticos heterodoxos han especulado si la conciencia del observador podría influir en la selección de cartas (apelando a interpretaciones cuánticas), o si el tarot puede entenderse mediante teorías de la información. Hasta ahora, tales conexiones son más metáforas que ciencia establecida.
(In)conclusiones
La relación entre el tarot y la ciencia resulta compleja y multifacética. Por un lado, la indagación científica del tarot tiende a desmitificarlo: experimentos revelan el rol del azar, la psicología cognitiva explica su aparente eficacia mediante sesgos (sincronicidad subjetiva, apofenia, efecto Barnum), y el análisis histórico desmonta su pretendido origen milenario en favor de una evolución cultural identificable. Desde esta visión, el tarot no califica como conocimiento científico en sentido estricto.
Por otro lado, desde las ciencias humanas y la filosofía, el tarot ha sido reivindicado como un rico sistema de símbolos y como práctica de significado: Jung lo integró a la psicología de los arquetipos y la idea de sincronicidad para explorar la psique; los semiólogos lo estudian como lenguaje de signos que permite narrar la experiencia; y psicoterapeutas hallan en él un recurso creativo para la exploración personal en entornos clínicos.
En última instancia, el tarot científico no trata de magia sino de metáforas y mente. Su valor radica, desde un enfoque riguroso, en cómo facilita que las personas elaboren narrativas sobre sí mismas y encuentren conexiones (sean psicológicas o filosóficas) en momentos de incertidumbre. Las cartas, con su rico simbolismo, actúan como catalizadores de sentidos latentes.
Así, la ciencia puede no avalar ninguna “energía mística” en el tarot, pero sí puede explicar su atractivo y utilidad psicológica. La convergencia de disciplinas –psicología, semiótica, filosofía– nos ofrece una comprensión más profunda: el tarot funciona como un espejo simbólico de la mente y la cultura, confirmando que incluso en la era científica moderna seguimos recurriendo a narrativas arquetípicas para dar sentido a la experiencia humana.
Ha sido más largo que un día sin pan, pero espero que interesante al mismo tiempo. Gracias por llegar hasta aquí.
Un taronáutico saludo!
Referencias
Olbert, C. M. (2018). “Divination Practices: An Empirical Psychological Investigation.” (Disertación doctoral, Fordham Univ.) – Estudio fenomenológico comparando la lectura de tarot con la psicoterapia, resaltando sus paralelos estructurales.
Clinton, E. (2024). “Divining the self: Applying tarot as a projective technique in counseling.” (Tesis Ed.S., James Madison Univ.) – Propone el uso del tarot como técnica proyectiva expresiva en terapia, abogando por investigarlo clínicamente.
Jung, C. G. (1933/1959). The Archetypes of the Collective Unconscious (CW 9i) – Jung menciona el tarot como derivado de arquetipos de transformación; Visions Seminar (1930-34) – Analiza el tarot como método intuitivo análogo al I Ching para acceder al inconsciente.
Semetsky, I. (2015). “The edusemiotics of Tarot: Recovering the lost feminine.” Semiotica, 205(1-4), 203-214. – Analiza la semiótica del tarot como lenguaje simbólico que conecta sujeto y objeto superando el dualismo cartesiano.
Ivtzan, I. (2007). “Tarot cards: A literature review and evaluation of psychic versus psychological explanations.” J. of Parapsychology, 71(1), 139-150. – Revisión que contrasta la explicación paranormal del tarot con los efectos psicológicos (Barnum, cold reading) que lo hacen parecer acertado.
Dummett, M. (1980). The Game of Tarot: From Ferrara to Salt Lake City. – Investigación histórica exhaustiva del tarot. Dummett demuestra la ausencia de usos ocultistas antes del s. XVIII, situando al tarot como juego hasta entonces.
English, J. (1983). “Tarot and Physics” – Manuscrito experimental donde una física documenta resultados estadísticos anómalos en tiradas diarias de tarot, sugeriendo influencia de la conciencia en la selección de cartas.
Eco, U. (2002). “Creer en los médiums” (en Cinco escritos morales). – Ensayo escéptico donde Eco describe técnicas de persuasión usadas por adivinos; incluye a las lecturas de tarot entre los fenómenos paranormales desmontados por investigadores mediante explicación científica (efecto Forer, etc.).
Van Prooijen, J-W. et al. (2018). “Connecting the dots: Illusory pattern perception predicts belief in conspiracies and the supernatural.” Eur. J. of Social Psych. 48(3): 320-335. – Cinco estudios que vinculan la percepción ilusoria de patrones con creencia en lo sobrenatural; respaldan que la mente ve conexiones significativas donde no las hay, mecanismo relevante en la credibilidad del tarot.
PsychCentral (2024). “Using Tarot Cards for Health Readings” – Artículo de divulgación revisado por expertos, que resume hallazgos sobre tarot y salud mental: sugiere posible reducción de ansiedad por sensación de control, a la vez que advierte de la falta de evidencia robusta y del rol de la sugestión.



Exhaustivo post, que trabajazo! Ya verás en menos de 10 años, todos andarán con su Deck y su carta astral descargada en su tlf o tablet.
Enorme trabajo y maravilloso texto. Un lujo! Muchas gracias, Sergio!